Los postulantes durante este tiempo tuvimos diversas experiencias propiciadas por los talleres y la Visita Canónica, donde fuimos conociendo más a detalle nuestro proceso humano, así como también el llamado a la vida religiosa.
La Visita Canónica fue un acontecimiento en el cual algunos de los compañeros teníamos dudas o expectativas, ya que es un instrumento comunitario del cual no teníamos mucho conocimiento, quienes nos visitaron fueron los PP. Lino Ruelas, Juan Carlos Equihua y Emanuel Olvera. Nos entrevistaron de manera individual y en la comunidad, al final nos leyeron la síntesis e invitaciones que tenían para la comunidad. Fue una experiencia de escucha acompañamiento y mucha fraternidad, donde pudimos ver nuestras virtudes como potencialidades.
En el taller sobre la autoestima pudimos reflexionar sobre la manera de relacionarnos con nosotros, la grandeza y potencialidad de nuestra persona. La comunidad nos reflejó cómo le hacemos presente a Dios con nuestra forma de ser, fue un momento grato de abrazarnos desde la mirada del hermano. fue algo confrontante mirar que muchas veces podemos minusvalorar a nuestra persona, por eso la importancia de una buena relación con nosotros mismos.
El Mtro. Edgar Lomelí (psicólogo) nos impartió el taller de corporalidad. Revisamos las etiquetas de las que nos hemos apropiado y han afectado de alguna forma nuestra manera de vernos y ser. Aprendimos que el cuerpo tiene memoria y en él se manifiestan sensaciones, las cuales también nos ayudan a leernos. Conocimos los diferentes tipos de cuerpos y la historia corporal de cada uno de los hermanos.
El taller de afectividad y sexualidad nos ayudó a conocer cómo se manifiesta la sexualidad en cada uno de los sexos, las manifestaciones de la sexualidad, aprender a hablar de manera asertiva sobre los problemas o situaciones que se van generando en nosotros. Y aprendimos a ver con normalidad, sin pudor, morbo o burla las cuestiones genitales para vivirlo con respeto y armonía.
El padre Carlos nos mostró en el taller de comunicación asertiva cómo muchos de los problemas comunitarios pueden solucionarse con una comunicación clara, manifestando las necesidades de las partes y con madurez llegar a acuerdos comunes.
La vida comunitaria como un pilar de la vida religiosa fue un tema que estuvimos trabajando en compañía del padre José Luis Quintero, quien con temas y dinámicas nos ayudó a conocer la importancia que tenemos para la comunidad con los aportes de cada uno, acompañarnos desde los dones y virtudes, así como desde carencias y errores. Al final comprendimos que la vida comunitaria es un espacio de crecimiento en compañía del hermano que nos quiere como mejor persona.
Los votos religiosos fue un taller que tuvo mucha importancia dentro de la comunidad, ya que pudimos conocer el verdadero sentido de fondo de los votos y junto con ello la manera en que se fueron condensando y teniendo un valor jurídico en la Iglesia. Comprendimos que éstos, al final nos llevan a una búsqueda de la libertad interior como exterior para seguir y amar más plenamente a Cristo en las realidades más complejas de la existencia.
El taller de Eclesiología impartido por el padre Casimiro Carrillo nos hizo ver la importancia de la renovación eclesial y pastoral dentro del Vaticano II. Leímos en equipos el documento Lumen Gentium, a partir de ello salimos a buscar esa Iglesia que existe en las periferias existenciales. Por ejemplo, algunos compartimos con personas que trabajan en semáforos, otros pidieron dinero para ayudar a algún indigente y otros ayudaron a trabajadores del aseo público, lo que nos llevó a mirar más a fondo las necesidades de las personas que necesitan un Cristo encarnado que sea buen samaritano.
En fin, hemos tenido algunos talleres y entre ellos experiencias donde la comunidad se ha afianzado más, así como encuentros con personas ajenas a la comunidad: en el apostolado, la familia de la Cruz, ventas de miel, celebración del día de la vida consagrada y muchos otros momentos donde compartimos la vida fraterna.











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